El Apocalipsis de las tiendas informáticas

Tiendas informáticas: la extinción

Un vendaval arrasó el sector de las tiendas de informática a partir de 2004-2005 hasta 2012-2013. No solo cerraron grandes cadenas informáticas como PC-City. El huracán asoló decenas de miles de pequeños negocios que se dedicaban a ensamblar y vender ordenadores. Parte del fenómeno puede ser achacado a los responsables de esos negocios.

A finales de los 90 supe que una tienda de informática de la Laguna (en Tenerife) tenía en su sótano una pila de cajas sin abrir. Contenían ordenadores con procesador 286 que se habían quedado como los yogures hinchados en el supermercado – con fecha de caducidad largo tiempo superada. El año anterior se habían lanzado los ordenadores con procesador 386, que además habían bajado de precio con respecto a sus antecesores.

El dueño de la tienda prefería las cajas acumulando polvo en el sótano que salir del género podrido a un precio inferior al que le había costado. Estaba siendo arrollado por un cambio tecnológico que cada vez iba más de prisa y que además no era capaz de entender.

Le pasado lo mismo que al mono que es capturado con unos métodos de caza tan rudimentarios como eficaces en el sur de Asia; el cazador abre un agujero en una cáscara de de coco. El tamaño del agujero es justo para que quepa con dificultad la mano de un mono. Por el otro extremo abre dos agujeros más pequeños por los cuales pasa una cuerda con la que ata el coco a un árbol.

Una vez colocada la trampa, mete algo de arroz dentro del coco y se va. Cuando el mono llega atraído por el olor del arroz, introduce la mano en el interior del coco y coge un puñado. Pero para poder sacar de nuevo la mano tiene que soltar el arroz. Lo que no esta dispuesto a hacer. Incluso cuando ve al cazador acercarse, es incapaz de soltar el arroz para librarse de la muerte o esclavitud.

Formación de informáticos

Hubo un tiempo en que cualquier espabilado armado con un destornillador podía montar una tienda de informática. Se abrieron muchos negocios en las que su promotor era un autodidacta temerario que hacía experimentos con los ordenadores que vendía a sus clientes. Carecían de formación de tres frentes.

En el frente técnico eran personas que apenas tenían una formación reglada en tecnología. Su formación había empezado cuando de muchachos sus padres les habían regalado una consola de videojuegos (de esos que se enchufaban al televisor). Sus carencias eran aún mayores en la parte comercial.

Para ellos la historia de una venta terminaba cuando el cliente salía con las cajas por la puerta. No tenían un plan de venta de servicio y de conservación del cliente a largo plazo. Se especializaban en vender el cacharo e ignorar las posteriores oportunidades en un sector tan ávido de servicio como el informático.

Finalmente su tercera carencia era la financiera. Como le ocurría al propietario de la tienda de La Laguna. No supo ver que la tendencia de los precios era de bajada y que el coste de tener demasiadas existencias podría salirle caro. Y, aparte de ignorar que tenía una mercancía perecedera tampoco supo vislumbrar la necesidad de deshacerse del género no vendido.

Pero no solo fueron carencias internas las que arrasaron el sector de las tiendas de informática. Confluyeron otros tres jinetes que completaron el Apocalipsis.

Las cadenas de tiendas de informática

Por un lado empezaron a proliferar grandes almacenes especializados en tecnología Media Mark, Saturn y la propia PC-City ofrecían ordenadores de marca a precios competitivos. Incluso ofertaban clónicos con mayor garantía de funcionamiento que el montado en la pequeña tienda del barrio. Esto era así porque sus componentes estaban mejor seleccionados. Los precios bajaron de forma generalizada y los pequeños se dieron cuenta tarde de que el agua bajaba al punto de dejar descubiertas sus vergüenzas.

El binomio Wintel

En otro orden los ordenadores duraban más tiempo en funcionamiento. Hubo una época en que funcionó el rodillo del binomio conocido como “Wintel”. Windows sacaba una nueva versión de su sistema operativo. Los ordenadores se quedavan clavados en el mismo punto de arranque durante largos minutos antes de empezar a poder empezar a teclear algo en el Word o el Excel. Era necesario comprar un nuevo ordenador que tuviese el nuevo procesador de Intel para poder seguir trabajando a la misma velocidad con que lo hacíamos con el viejo ordenador y los viejos programas.

La crisis

Por último vino la crisis. Fue la puntilla que hizo que muchos bajasen las persianas. Cerraron empresas de todo tipo que ya no podían comprar ordenadores ni programas. Y los usuarios en paro se aguantaban con los viejos equipos. Pero no nos engañemos; el sector ya estaba condenado.

El futuro de las tiendas de informática

A estas alturas de la película las microempresas que han resistido probablemente se han reconvertido. Han pasado de vender discos duros memorias y procesadores a vender servicios tecnológicos. Aún así, a estas empresas que han sabido adaptarse todavía queda uno de los jinetes del Apocalipsis por superar.

Nuestros hábitos de compra han cambiado. Si antes acudíamos a la tienda física, ahora compramos en Amazón. Y, si antes teníamos a nuestro informático de confianza que venía cuando teníamos un problema en la red, ahora los servicios técnicos están emigrando a la nube. Todavía compramos un portátil para ejecutar nuestro programa de facturación, pero debemos esperar que en el futuro tanto el portátil como el programa sea alquilado. En un esquema de pago por uso informático.

Esto deja poco margen al técnico informático de toda la vida. O amplia su rango de acción y ofrece sus servicios en la nube o morirá de asco esperando que se asome algún cliente al escaparate.
No sabemos como será el futuro. Pero si conocemos cuales son las tendencias que nos llegan desde el pasado. Los que nos dedicamos al negocio informático solo podremos sobrevivir si nos adelantamos a los cambios.

Debemos estar preparados para una revolución tecnológica y de costumbres que, como mínimo, sera tan profunda como la que ya ha ocurrido.

El pasado nos indica que un sector de actividad supuestamente ligado a la modernidad pereció por varias causas. Una de ellas fue su incapacidad para adaptarse. La única certeza que pueden tener los propietarios de tiendas de informática es que en el sector van a seguir habiendo cambios. E ignorarlos no es una opción.

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